Muchos conductores se centran únicamente en sus cuatro neumáticos principales y pasan por alto el de repuesto, hasta que se quedan varados con una ponchadura y se dan cuenta de que no sirve. El mantenimiento adecuado del neumático de repuesto es crucial para garantizar que esté listo para usar en caso de emergencia, y también contribuye a la protección general de los neumáticos (ya que un repuesto funcional puede evitar que se dañe aún más el neumático principal en una crisis).
Primero, conozca el tipo de llanta de repuesto que tiene. Hay dos tipos comunes: llantas de repuesto de tamaño completo y llantas compactas (o "donut"). Las llantas de repuesto de tamaño completo son idénticas a las llantas principales y pueden usarse indefinidamente, mientras que las llantas compactas son más pequeñas, ligeras y están diseñadas solo para uso temporal (generalmente con un límite de velocidad de 80 km/h y una distancia máxima de 112 km). Comprender las limitaciones de su llanta de repuesto es clave para usarla con seguridad.
Independientemente del tipo, revise la presión de la llanta de refacción al menos cada seis meses. Las llantas de refacción compactas suelen requerir mayor presión que las principales (a veces hasta 60 psi), así que consulte el flanco de la llanta o el manual del propietario para conocer las especificaciones correctas. Una llanta de refacción desinflada o desinflada es inútil en una emergencia, por lo que es fundamental revisar la presión regularmente.
Guarde la llanta de repuesto correctamente para evitar daños. La mayoría de las llantas se guardan en el maletero (debajo de un panel alfombrado) o debajo de la parte trasera del vehículo. Si se guardan debajo del coche, asegúrese de que los herrajes de montaje estén bien apretados para evitar que la llanta se caiga mientras conduce. Además, mantenga la llanta limpia y libre de residuos; la suciedad y la humedad pueden causar oxidación (en la rueda) o pudrición seca (en la goma) con el tiempo.
Finalmente, inspeccione la llanta de refacción para detectar signos de desgaste, como grietas en la goma o endurecimiento de la banda de rodadura. Incluso si nunca se ha usado, una llanta de refacción con más de 10 años debe reemplazarse, ya que la goma se degrada con el tiempo y pierde su capacidad para soportar el estrés de la conducción. Al mantener su llanta de refacción, estará preparado para emergencias y evitará retrasos costosos o mayores daños a la llanta.
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