La conexión entre el neumático y el buje (donde se fija al vehículo) suele pasarse por alto, pero es fundamental para su buen estado. Un buje suelto o sucio puede causar un desgaste desigual, vibraciones e incluso riesgos de seguridad, por lo que mantener esta conexión en buen estado es fundamental.
Con el tiempo, la suciedad, el óxido y los residuos pueden acumularse en la superficie del buje. Esto crea una base irregular para el neumático, haciendo que se asiente torcido. Cuando el neumático no está montado recto, se desgasta de forma desigual, generalmente en un lado de la banda de rodadura. Las tuercas de las ruedas sueltas (los pernos que sujetan el neumático al buje) son aún peores: pueden hacer que el neumático se tambalee, provocando un desgaste rápido y un posible desprendimiento.
Para mantener la conexión entre la llanta y el cubo, limpie la superficie del cubo cada vez que cambie una llanta. Use un cepillo de alambre para eliminar el óxido y la suciedad, luego límpielo con un paño seco. Al reinstalar la llanta, apriete las tuercas de las ruedas al par de apriete recomendado por el fabricante (que se encuentra en el manual del usuario). Evite apretarlas demasiado, ya que esto puede dañar las roscas o deformar el cubo.
Revise las tuercas de las ruedas cada 8000 kilómetros o después de pasar por un bache. Use una llave dinamométrica para asegurarse de que sigan estando correctamente apretadas. Al mantener la conexión entre la llanta y el cubo limpia y segura, evitará el desgaste desigual y mantendrá las llantas girando con suavidad.






