El polvo de freno (pequeñas partículas de las pastillas de freno desgastadas) se acumula en los neumáticos con el tiempo. No solo es antiestético, sino que puede dañar la goma si no se controla. El polvo de freno es ácido y, al mezclarse con la humedad (como la lluvia o el rocío), erosiona la superficie del neumático, provocando decoloración y pequeñas grietas.
Limpiar el polvo de los frenos con regularidad es fundamental. Use un limpiador específico para polvo de frenos (evite productos químicos agresivos) y un cepillo suave. Rocíe el limpiador sobre la llanta, déjelo actuar de 1 a 2 minutos para que se descomponga el polvo y luego frote suavemente. Enjuague bien con agua; los restos de limpiador también pueden dañar la goma.
Para eliminar el polvo de frenos difícil de eliminar, mezcle bicarbonato de sodio y agua hasta formar una pasta. Aplíquela en la zona afectada, déjela actuar durante 5 minutos, luego frote y enjuague. El bicarbonato de sodio es suave y no daña el acabado de la llanta.
Para evitar la acumulación, considere instalar protectores antipolvo para frenos (disponibles en tiendas de repuestos). Estas cubiertas de plástico se colocan detrás del volante y atrapan el polvo antes de que llegue a la llanta. Además, si la acumulación de polvo es excesiva, revise los frenos; esto podría indicar que las pastillas de freno están desgastadas y deben reemplazarse. Al controlar el polvo de los frenos, sus llantas se mantendrán en buen estado y las protegerá del daño causado por el ácido.






