Los baches son uno de los mayores enemigos de los neumáticos: pueden causar pinchazos, abultamientos en los flancos, rines doblados e incluso daños en la suspensión. Pero con reacciones rápidas y revisiones posteriores al impacto, puedes minimizar los daños.
Primero, evita los baches siempre que sea posible. Mantente alerta al conducir, especialmente después de la lluvia (los baches se llenan de agua y son más difíciles de ver). Mantén una distancia prudencial con el coche de delante; esto te da más tiempo para detectar los baches y maniobrar con suavidad (no hagas giros bruscos, ya que pueden causar accidentes).
Si no puede evitar un bache, reduzca la velocidad lo máximo posible. Golpear un bache a alta velocidad aumenta la fuerza del impacto, lo que aumenta la probabilidad de dañar las llantas. Además, no frene bruscamente al pasar por un bache, ya que esto presiona la llanta con más fuerza contra el agujero y aumenta el riesgo de pinchazo.
Después de pasar por un bache, inspeccione su llanta inmediatamente. Busque protuberancias en los flancos (señal de daños en la estructura interna), cortes o pinchazos. Verifique si la llanta pierde aire; si está blanda, ínflela a la presión correcta y vigílela. También preste atención a vibraciones o una sensación de tirón al conducir; esto podría indicar que la rueda está doblada o desalineada.
Si nota algún daño, lleve la llanta a un profesional. Un flanco abultado o una rueda doblada no tienen reparación; deberá reemplazar la llanta o la rueda para mayor seguridad.






