Conducir fuera de carretera (tierra, barro, rocas) es duro para los neumáticos, pero con la preparación y el cuidado post-viaje adecuados, puedes evitar daños y prolongar su vida útil. La clave está en adaptar el cuidado de los neumáticos al terreno accidentado.
Antes de salir a terreno irregular, revise la presión de los neumáticos. Bájela ligeramente (entre 5 y 10 psi, según el terreno) para aumentar la superficie de contacto del neumático con el suelo. Esto mejora la tracción en superficies sueltas y reduce el riesgo de pinchazos por piedras. Recuerde volver a inflar los neumáticos a la presión normal al regresar a carreteras pavimentadas; un inflado insuficiente en el pavimento provoca un desgaste rápido.
Durante su viaje, evite las rocas afiladas y los surcos profundos. Los bordes afilados pueden cortar el flanco de la llanta, mientras que los surcos pueden atraparla y causar daños. Si choca con un obstáculo grande, reduzca la velocidad para minimizar el impacto.
Después de usar todoterreno, limpie bien las llantas. Use un cepillo rígido para eliminar el lodo, las piedras y los residuos de las ranuras de la banda de rodadura; las piedras atascadas pueden causar un desgaste desigual. Inspeccione la llanta en busca de cortes, protuberancias o pinchazos. Incluso los cortes pequeños requieren atención; use un sellador de llantas para taparlos antes de que empeoren.
Finalmente, rota las llantas después de un viaje todoterreno. El terreno accidentado puede haber causado un desgaste desigual, por lo que rotarlas ayuda a equilibrarlo.






